Una de mar

Ayer, mi primer día de corchera. Con profesor particular y todo eh? Consiguió que pasara al otro lado! Eso sí, una vez pasé al otro lado, no me quedaron fuerzas para pillar ninguna ola. Primero porque venían mediotontitas, segundo porque yo estaba rota y llena de agua de mar (lo que bebi, señores, lo que bebí), y tercero porque tienes que estar por ahí sin moverte hasta que se divise alguna y pillé un frío terrible.

Cosas asín como peculiares:

– resulta que hay mogollón de chicos/as sentados encima de sus tablas esperando. Y claro, parece fácil estar sentado encima de una tabla. Craso error. Pero craso craso. Sentarse encima de la tabla es tan o más difícil que llegar al otro lado. Tienes que abrirte de piernas mucho y se resbala! :(

– los surfers/as están tope de wenorros porque anda que no hay que darle a los brazos para llegar al otro lado. En una postura muy antinatural, y con una tabla que se resbala. Te dicen ellos: encaja las caderas y rema. Y se quedan tan anchos.

– Hay mucha gente esperando olas. Se trata de que vas mirando a la lontananza y alguien piensa que vé algo, es decir, alguien cree que se puede levantar una ola interesante. No hay contraseña de tipo “por ahí resoplaaaaaaa” ni nada. De repente ves que una parte de las gentes con la tabla se van hacia un lado. y tú, pues p’allá.

– Luego está la duda: y cómo hago yo para que uno de esos megapro con el cocho y la tabla no me entropellen cuando cogen la ola? Cómo hago yo para no molestar? Pues resulta que ellos te ven (no sé cómo) y ahí sí que gritan, y tú, te quedas inmóvil y ellos te esquivan. Parece fácil, pero no lo veo yo muy asín…

– Y se trata de ver hacia dónde va la ola. Si “abre” hacia la derecha o hacia la izquierda. Eso os lo cuento la próxima vez… No conseguí coger ninguna… :(

– No sé cómo hacen las surferas para estar siempre estupendas. Yo, con dos trenzas y el pelo recogido como cuando me lo recogía mi madre en el cole (me tiraba de las coletas hasta el infinito y más allá para que no se me soltara el pelo en toldía), terminaba con los pelos enfrente de la cara si sí o sí también.

– He concluido que para poder hacer corchismo con alegría hay que: primero no desanimarse, segundo asumir que se bebe porrón de agua, tercero hablar con alguien que te cuente truquitos y te hace las cosas más fáciles, cuarto que cuando te arrastra una ola, ante todo, mucha calma, que ya te echará fuera y no con suficiente tiempo para que te ahogues, y, ante la duda, asumir que un cadáver con cara de pánico es mucho más feo que uno con cara de calma :P

– Ponerse el invento en la muñeca no es práctico, mejor donde los surfers tienen bíceps. Pero la foto es del principio y no del final de la playa.

Para la próxima vez:

– Comprarme unas aletas de las de piscina porque no tengo y me irán bien para poner cacha para empujar el corcho

– Ponerme, tanto si sí como si no, el neopreno de verano, que vaya faena tener que salir por frío.

– Ir al osteópata para que me recomponga la espalda. Si cargas mogollón los hombros, como yo, acabas machacado, porque estás todo el tiempo haciendo fuerza con los hombros, apoyándote en los codos y haciendo fuerza para avanzar contra el mar.

Altamente recomendable, cansa mil, pero no hay nada como el mar.

En la foto, servidora disfrazada de corchera. Eso para los que dicen que no hay forma de saber cómo soy. :P

4 comentarios en “Una de mar

  1. estupendo y refrescante el post!! Yo creo que tiene la medida justa de un “manual de bolsillo” para la pràctica de este deporte :-))
    Me encanta la foto y lo a gusto que se te ve en ella…

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