Una de tictac

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Pues estaba yo saliendo del cine de ver una peli que me ha gustado 0, y he decidido ponerme a escribir un post al que llevo dándole vueltas sobre política en Mallorca. Más que sobre política, haciendo un resumen de casos de corrupción y/o otras irregularidades legales y la forma de resolverlos, y tiene mucho que ver con la impunidad con la que creen estar muchos políticos cuando están al mando.

Pero revisando hemerotecas he decidido que no es el mejor día. Primero porque vengo calentita del cine y capaz que escribía calentita, y no. Cada vez que he empezado el post sobre política me salían unas pocas de palabras malsonantes que no quiero, y no quiero, y no quiero poner, pero si escribo en modo automático, me salen.

Por tanto, escribiré sobre el tictac, un concepto que me ha enseñado Benjamí Villoslada y del cual estoy enamorada. Absolutamente enamorada.

El tictac es el ritmo, es el beat, el tempo… lo que queramos llamarle que todos llevamos dentro. Implica algo visceral, inconsciente, que hace que te unas de una u otra forma a las personas. O de ninguna, claro. Pasando por encima de afinidades, gustos, si uno es más o menos cariñoso o expresivo o hablador o lo que sea que otro, el tictac hace que moverse al lado de otra persona sea fácil o difícil. O imposible algunas veces, por mucho que uno quisiera que no fuera así.

Y porqué este cambio? Pues porque me estoy yendo a buscar a una amiga al aeropuerto. La he desvirtualizado hace dos meses, pero que nos conocemos desde hace un año. Vía internet? NORL! Vía teléfono. Como antes.

La chica trabaja en un periódico en el que poníamos publicidad, y no sé quién de las dos (me temo que ella que es más inteligente) vió que la otra tenía el mismo tictac. Y cómo? Pues tengo la teoría de que solté alguna burrada (ella es muy profesional y no soltó ninguna burrada hasta que se abrió la veda, que yo era el cliente), y ella la siguió. Es muy burra. Mucho. Y claro, saca la burrez que hay en mí.

También es extremadamente sensible e inteligente. Un rato culta. Antropóloga de estudios y comercial de profesión. Domina las palabras como poca gente las domina, y controla los conceptos de una forma magistral. Es sabia y me conoce. Y sabe darme una buena patada en el culo cuando me la tienen que dar. Y sabe también cuando callarse y sentarse a mi lado, sin más, y acompañarme hasta que pase.

Ahora es mi hermana. La de Barcelona. Es la familia que no tengo fuera porque todos mis ancestros se reducen a 2 5 Km cuadrados (Llucmajor – Randa – Montuïri – Sant Joan).

Pues esa. Se viene a casa diez días y me hace una ilusión loca tenerla aquí con su pareja.

¡Y yo sin saber que era por el tictac! Benjamí es otro de esos dominantes de palabras. Y me muero de la envidia cuando le oigo hablar y me cuenta cosas.

En la foto, mi ojo y mi flequillo. Con su ruido y todo.

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