Cómo uno mismo se arregla un día de mierda

No se quiere una levantar. Primero porque le gusta perrear en la cama. Segundo porque se prevee un domingo de mielda. Y se queda una dormitando en la cama con la radio puesta. Que si llueve, que si salen con el safety car. Que si una salida con safety car no es salida ni es nada… Y al final, se levanta una. Ni por la radio echan nada.

Va al ampli. Lo enciende. Webber se sale. Se descarta la radio y sólo por no pensar qué cd poner (una es así de antigua y gusta de escuchar la música en el cd y pensar qué quiere escuchar y ponerlo), pues enchufa el aparatín del mp3. Se mete una en la ducha, que tiene cajas (=altavoces) en toda la casa por eso de no tener que poner la música fuerte para oírla por todos los sitios. Y, suena mediacanción que no intuye entre el ruido del agua, pero de repente reconoce: no nos fuimos juntos a comer paella y nunca pasaste una noche en mi hotel. Y sonríe.

Y después, le suena ésta:

Y se está callada y no lo estropea, y nos trae las cervezas. Y nos limpia el cenicero, y nos recoje cuando nos caemos al suelo.

Con otro rollo ya, mientras espera que actúe la mascarilla, canturrea:

Pilar sueña que se va a casar pero nunca llegará al altar: son muy pequeñas, son muy pequeñas!

Y ya con la mosca detrás de la oreja, más contenta, pero con lo poco que es una del shuffle y de canciones sueltas, qué cojones es ésto, que son canciones sueltas pero no por orden del disco entero 30 años de éxito de Toreros Muertos… Uno de sus must desde 1986 hasta ahora.

Se seca el pelo y sale con el albornoz mientras está con:

Blood on the streets, blood on the rocks, blood in the gutter, every last drop
You want blood, you got it

Y vé que son las últimas canciones de su carpeta del mp3 “himnos”, que no ha tocado en los últimos 5 años. En este caso, los mismos himnos que tenía a los 16, a los 23, a los 27, a los 30, a los 32, a los 35 y a los 38. Y mola.

No son Himnos propiamente, son canciones que le llegan a una. Por gamberrismo, por mensaje, por la línea de bajo… No son canciones que le recuerden nada, ni la identifiquen con ninguna situación, ni que tenga una experiencia vital donde sonara o recordara esa canción, ni una superletra. Igual alguna sí, pero en general no. No tienen nada. Son, simplemente, sus canciones. Suyas. Las escuchadas en casa, cantadas mientras friega los cacharros y bailadas con el perro (literal, cánido) que en ese momento esté en su casa. Hoy, Anakin, que mira raro.

El día, seguirá siendo una mierda, o igual ya no. Pero, en todo caso, tiene recursos para superarlo. Igual que lleva superados 38 años con muchos días de mierda.

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