El Castro del Río de Miguel Morales

Este post es el pago de una deuda. Una deuda unilateral por mi parte, que sé que Mameluco no lo considera una deuda, y que, de hecho, le va a gustar muy poquito que lo llame deuda, pero es lo que hay.

Hasta el domingo le debía: muchas risas, muchas, por los buenos momentos que he pasado con su fotolog y la historia de sus antepasados. También muchas risas después en facebook, claro, que el fotolog se puso imposible, como sigue, y no hay forma de mantener esa comunidad, ni con muchas ganas.

Le debo también momentos de compañía en la distancia, de cariño recibido por email o por sms, de profundo agradecimiento por notar que me aprecia y que me incluye en su reducidíssimo círculo de amigos. Porque Mi Mame no diferencia (como yo misma) de amigos online y offline.

Le debo desde hace un par de meses un post cantándole alabanzas que no le he escrito, y desde hace un par más de meses, un post con alguno de sus poemas, que me mandó una antología de poemas de poetas castreños y que tampoco he escrito.

Por si fueran poco estas deudas, desde el domingo le debo mucho más. Y dígase deuda como un estado emocional: me encantaría mucho poder devolver la comodidad, el aprecio, el cariño, la dedicación que me ha dado él y su familia en unas, pongamos, 36 horas. No para cuantificar, sino para que supiera cómo me he sentido.

Nada más llegar  a la estación me montan en el coche de su Tío Antonio, y me llevan de Córdoba a Castro, su pueblo. Me llevan a la casa rural La Villa de su Tita Isabel, una señora que decidió comprar una planta baja CO-JO-NU-DA para alquilarla a quien quiera parar por ahí, y que son, básicamente invitados de gentes del pueblo (es el único alojamiento del pueblo) o peregrinos que hacen la Ruta de Santiago, que, como dice el Mame, no todos tienen que ser gabachos, no? Y sin oir hablar del Long Tail, hoygan!!

Pues eso, la ruta de Santiago mozárabe pasa por Castro del Río y la tía de Miguel puso un alojamiento tan honesto como acogedor para quien tenga a bien quedarse ahí.

Y en la casa de la Tita Isabel estaban las demás Titas y Titos del Mame. Saludos y besos. Gran bienvenida y ir tomar posesión de la Villa.

Y camino del bar (uno de ellos), me dice: qué te ha parecido mi familia? Te la enseño lo primero que es lo único que te puedo ofrecer porque es lo único que tengo.

Aguanté sin llorar todavía no sé cómo.

Pues lo único que tiene es taaaaaaaaaaaanto, pero taaaaaaaaaaaaaaaaanto!

Después me llevó al bar a comer megacroquetas y un guiso que no recuerdo el nombre porque soy un desastre para los nombres, con su amigo Pedro. A la madrugada siguiente, nos levantamos a una hora indecente (04.30) para llegar a tiempo a la Aurora a las 05.00.

La Aurora es una costumbre local requeteantigua, consistente en la novena a la vírgen, que los componentes de una hermandad van paseando por el pueblo y se paran a cantar y tocar una canción enfrente de las casas de los componentes de la hermandad que no se han despertado. No por porculear ni nada, sino con la intención de que la comparsa vaya siendo más grande. La cosa es que la letra dice que no le temen al agua ni al frío ni a la lluvia, y la Aurora suele durar una horita y media entre cantos, risas, anises y campanas. Peeeeeeeeeeeeero, en honor a mí y a mi reconocida vaguería, cayó una tormenta apocalíptica, y se disolvió la concentración. Cosa que me permitió meterme en la cama a las 05.30, como una campeona, y poder decir que he asistido a una de las poquísimas ocasiones que la Aurora se ha  suspendido!

En el momento de la tormenta Mame paró debajo de una cañería que tiraba agua a chorro, y entre mi torpeza con el paraguas y la torpeza del señor que intentaba minimizar las consecuencias de mi torpeza con el paraguas, acabó el probe migué con el brazo izquierdo totalmente empapado. Algún día se hará un estudio de los desagües de los terrados y tejados de Castro del Río, por cierto. Raroraroraro.

Después de la siesta de la mañana, su madre (Mari) nos invitó a desayunar a su casa, con la Mame Sister (también llamada Maria José). Nos preparó una pasta frita, a lo churros pero menos grasoso. Fabuloso.  Un poquito de imprenta, de paseo por el pueblo y al campo con los Titos. Gran comilona, charla, risas, paella, gatos, pestiños y chimenea. Y el diluvio universal. Su momento uiuiuiuiuiui! Que entra el barro en la cochería! Que se desborda el río!

Esta mañana desayuno en casa de la Tita Isabel. El Tío Félix estaba viendo los desperfectos de la lluvia en la finca. Me vuelven a cebar, y después el Tío Antonio me ha acompañado otra vez a la estación.

Han sido dos noches y un día fabulosos. Fabulosos porque te reafirmas en la cosa de que lo importante son las personas. Las buenas personas. Las honestas. Las que hacen las cosas porque les nacen. Mame escribe, diseña, toca la trompeta y echa una mano a todo quien se lo pide con respeto y lo merece. El padre de Mame ha escrito un libro sobre cultura popular y música castreña. Autodidacta, se educó y culturizó leyendo los libros que caían por la imprenta familiar en la que trabajaba. De esos polvos tenemos esos lodos: una familia que piensa, que razona, que se mantiene en su sitio, que emprende apoyándose unos en otros, cada uno en lo que hace mejor.

No debo un post. Debo eso incuantificable de personas inmensas que te reciben, te acogen y te aprecian como uno de los suyos. Claro, es que no hay forma ni de contar ni de agradecer ni de corresponder tanto aprecio con un desconocido. Porque el Mame me conocía, pero su familia no.

Y Miguel, es un gran señor. Me voy con la cosa esta agridulce de haberle visto en un día malillo. Casi lo prefiero. Cuando uno, en la distancia, dice que está mal, el que está lejos no sabe cómo le afecta. Ahora me encantaría que fuera capaz de verse, durante 15 minutitos sólo, como le veo yo (y este puentecito he dicho esta frase dos veces…).

Dí que no soluciona nada, pero sí que, seguro, le haría ver que puede con lo que le toque y mucho más, que tiene él solito la fuerza necesaria. Y ahora que le conozco a él y a su entorno, decir que, además, tiene excelentes personas que le adoran.

Quiero volver pronto. Quiero volver con un coche, recorrer Castro, Espejo y todas esas zonas de olivar que he visto inundadas.

Para mí han sido unos días mágicos…

22 comentarios en “El Castro del Río de Miguel Morales

    1. Nene, palabras precisamente te sobran! Pero vale, lo acepto.
      Y, eguein, gracias a ti y a los tuyos por todo. Espero poder volver pronto con más tiempo y visitar esas calles de Castro que no ví y esos pueblos de olivares, que pillé todo como un gran barrizal.

  1. ays…

    me dice mi “marido”: Què et passa, carinyo, perquè plores??; -Por que la amistad es muy bonita…

    Pues eso, Tona, que lo has clavao! y eso que yo no he estado allí, pero lo has descrito divinamente. El señor Mame parece ser el hombre más rico del mundo!

    miaus

  2. la estabilidad está sobrevalorada, se lo digo yo, que ahora que la tengo me faltan otras cosas… los que somos de sufrir sufriremos siempre…

    no es para menos que para llorar, pero llorar de bonito como dicen mis sobrinas…

  3. a que sí? =D
    Me ha encantado conocerle. Y sólo por estos encuentros, internet y todos sus chochos valen la pena. De no ser por ésto, yo jamás le hubiera conocido ni hubiera sabido que existía.

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