La importancia de las palabras

Tenemos que dar más importancia a las palabras, a su significado, al uso que hacemos de ellas y el sitio en el que  lo hacemos. Las palabras definen. Definen objetos, definen actos, definen personas. Y, en última instancia nos definen a nosotros según cómo las usemos.

En la charla que tuve previa a la entrevista con Guzmán Garmendia (gracias take-ad-way otra vez por darme la posibilidad de entrevistarle), salieron dos temas mientras charlábamos fuera de entrevista que tienen que ver con las palabras y con lo que éstas definen.

El primero, que dejó mal a la organización del OME, por cierto: venía acreditado como PROFESIONAL INACTIVO. Todavía no lo entiendo… Se comentó que igual como era que provenía de empresa privada y estaba en pública… No sabemos todavía. Con lo fácil que era poner PONENTE… Lo pienso y sigo sin entenderlo. Guzmán es un profesionalazo extra-activo. Él (todo director general de algo en administración pública) forma a su equipo personalmente, les enseña herramientas, formas de respuesta, les explica los protocolos… Pocos directores generales hay que trabajen con el eslabón más pequeño de la cadena además de en el más grande: estrategia, definir acciones, realizar negociaciones… Profesional inactivo, de qué?

El segundo tema: la palabra que nos define delante de la administración pública, como almitas que tienen unos deberes y unos derechos y a los que una administración pública debe dar servicio, apoyo, cobertura y regulación. Yo hablé de atención al cliente cuando hablábamos del servicio que se presta de “atención al ciudadano” (que no está mal, por cierto, y es la establecida en general). Guzmán (de empresa privada desde siempre) dice que también le gusta el término “cliente” para definir el servicio que se da a la ciudadanía, y me confesó el nombre que se nos da por parte de algunas personas dentro de la administración: “contribuyentes“. Pocas personas, por cierto, y en general de altos cargos.

Abominable.

A parte de que suena feo feísimo, denota un poco cariño que asusta. Contribuyente obliga a vincular el “servicio” al tipo de contribución, a la cantidad contribuida y lleva a la exclusión directa de los no contribuyentes. Y no puedo (yo) evitar pensar que convierten a la administración pública en un club. Afortunadamente parece ser que esta terminología no es la más extendida, que se está erradicando y que (al menos en lo que trabaja Guzmán) las acciones que se desarrollan van más hacia atención al cliente (provenga de donde provenga el cliente) que atención al contribuyente.

Pero la cosa es que ayer por la mañana tuve una reunión con unas personitas entre las que había representantes de un ayuntamiento para ver cómo podríamos hacer para aunar esfuerzos vía utilización de infraestructuras para actos culturales y poder potenciar (o ayudar) a que diferentes proyectos culturales salgan adelante con beneficios para todos: el ayuntamiento sustituiría los recursos de “producción” por los de “mediación”, que está bien, la verdad, y permitiría que el municipio pudiera seguir teniendo oferta cultural con mucho menos presupuesto.

El problema es que es un pueblo que ha quedado fuera de circuitos culturales, y hay que trabajar mucho para distribuir sus infraestructuras e iniciativas. Se podrá, sin problemas, pero costará.

Pero, “poucqué” pasa eso si Mallorca es una isla pequeñita y todos nos conocemos?

Me encanta que me hagáis la pregunta.

Pues porque durante bastante tiempo (por no decir siempre), los servicios públicos tenían como público objetivo a la gente del municipio. Así, tal cual. Claro que no les cerraban las puertas a nadie, y claro que si alguien quería hacer algo allí lo aceptaban. Pero claro también que el precio era diferente, que estos espacios no se publicitaban (ni boca oreja), y sólo si eras del pueblo y conocías lo que había o habías ido conocías la infraestructura. Durante mucho tiempo no hubo interés en abrir esos espacios a cualquiera. Y encima es un municipio con muchas y separadas pedanías, con lo que peor me lo pones a la hora de formar una idea única de servicios. Y para más INRI incidiendo mucho en la difusión de las actividades artísticas que se hacían en ese municipio vs buscar o colaborar en lo que se haría fuera de él.

Ergo, repitan conmigo: busquemos una forma honesta de llamar a las cosas. Ni de broma confundamos términos. En la medida de lo posible, seamos honestos y cojamos las acepciones que son definitorias. Vamos, que no usemos palabras en vano.

Un comentario en “La importancia de las palabras

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