Olvido

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Olvido es la mejor amiga de mi padre los tres años que estuvo viviendo en la residencia. Los dos eran el grano en el culo. Trasnochaban cuando el ritmo de ese convento era diurno. Entraban y salían. Los imagino cascando de los demás descaradamente (los viejos lo hacen) y sentarse para mirar juntos cualquiera de las clasicadas que les gustaban, y aguantarse mutuamente infinidad de batallitas de dos vidas diametralmente opuestas, pero con algo dentro de cada uno que les hacía ser buenos compañeros.
Cuando mi padre murió la dejó sola. La verdad. A nosotros también, pero el día a día lo hacían juntos.
Olvido iba con mi padre a conciertos, y mi padre, supongo, vería alguno de sus bocetos con una mezcla de interés y extrañeza. Medio condescendiente y muerto de la envidia de tener enfrente a una persona inteligente y valiente, más cuando él fue siempre un cobardica incapaz de cuestionar.
Olvido es pintora. Muy buena pintora. Copista de El Prado. Retratista de estas de grandes personalidades en los ’90 (del orden de presidentes de club de fúmbol y políticos), de las de, seguramente, 10 millones de pesetas por retrato.
Olvido habrá ganado una pasta que se ha gastado (o se la han hecho gastar) con una candidez directamente proporcional al esfuerzo de ganarlo. Tiene un hijo y un hermano que mantienen relación y se preocupan por ella.
Con el tema de los recortes se hablaba de cerrar la residencia donde vivía. En la familia nos acordamos mogollón de ella, pero nunca la he llamado, y esta mañana me la he encontrado en mi barrio. A 30 Km del pueblo.
Han salvado la residencia de momento, pero entre una cosa y la otra, ella buscaba alternativas a vivir ahí. Tiene una minusvalía de noséqué por ciento debido a un problema de salud: no sé si hipertiroidismo, algo de riñones o todo junto. Está fatal por dentro. Por fuera es risueña y gorda. De pelo rizado y malteñido y mirada limpia y viva.
Encontró un local comercial económico en el pueblo, que le daba para vivir, trabajar y exponer algo. De cara al publico podía tener tiendecita.
Pero al no ser vivienda, se encontró fuera del sistema al no poder empadronarse y lleva tres meses sin cobrar la pensión. Y dos viviendo entre el local y el coche. Y últimamente, en el coche. O entre el coche y el refugio.
Me ha contado que se le quedó el coche tirado, sin gasolina, en el centro de la ciudad, y que esperó a que se liberara una reserva de minusválido que estaba cerca. Como no se liberaba y el coche molestaba, la grúa le trasladó el coche a otra reserva, para que no le pasara nada hasta que pudiera poner gasolina. Se lo dejaron en pleno barrio chino. Enfrente de los juzgados, con el maletero contra un sitio donde no pudieran abrírselo, y ella estuvo allí dos días, viendo los trapis, los puteros pillando chicas, los chulos…
En el refugio ha conocido a gente que la ayuda y la apoya, que va a verla cuando está por mi barrio y le lleva comida. Me ha hablado de un abogado de familia bien que anda por ahí dado por imposible. También de un ex-guerrillero colombiano.
Me la he encontrado esta mañana sentada en un banco, con su taburete-bastón, su bolsito y escribiendo como si le fuera la vida en ello. Me dice que no pinta, que tiene los bártulos en el coche pero que no le nace sacarlo… sí ha hecho algún dibujo sobre papel grande dibujando “cosas que no están ahí”. Pero, sobretodo, escribe. Escribe todo: lo que le pasa, lo que cuentan, lo que vé, lo que piensa.
El tema legal no sé cómo lo tiene… Se está moviendo para encontrar una solución, que a ver si llega pronto.
No sé cómo se puede ayudar a una persona brillante que está en esta situación. He ido ahora, y he visto el coche pero no estaba ella. Y, claro, te entra la angustia.
Pensaba llevarle fruta y galletas. Algunos zumos y cosas que pueda comer sin hambre (no la tiene). Olvido debería llevar una dieta acorde con su problema, pero supongo que con que se nutra, ya vale…
Pero no. El domingo cumplo 40 palos, y me voy a gastar mi autoregalo en buenos blocs y buen carboncillo. En cuadernos y bolis para que no le falte cómo expresarse. En material para Olvido. Creo que será la mejor manera… Comida no le faltará, espero. No puedo traerla a casa porque no me subiría ni uno de los cinco pisos que debería subir. Puedo darle algo de dinero, posiblemente.
Pero creo que para hacerla sentir a salvo, no hay otra manera que darle herramientas para echar lo que sea que tenga en la cabeza. Y, si eso, arrancarle sonrisas o llantos mientras difumina o marca. De hecho, desde que me ha venido a la cabeza, es casi la única manera válida de ayudarla: que no le falte papel y boli, que la matamos.

El dibujo de la foto es suyo. Me lo dió la última vez que vino a ver a mi padre. Me firmó, detrás escribió la referencia y otros números que no sé qué son, y me lo dedicó nombrando a mi hermana, que sigue cambiándonos el nombre. Después de ese día le dijimos que ya no valía la pena que viniera, que estaba hinchado y no mejoraba. Que mejor que no.

2 comentarios en “Olvido

  1. Precioso relato Tona …. seguramente la solución , o por lo menos el paliativo para estos casos es darlos a conocer . Uno nunca sabe hasta donde es capaz de llegar la buena voluntad de la gente que nos rodea .

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