Bienvenidos al Underground

La semana pasada tuve, en dos días, inmersión social en entornos en los que habitualmente no estoy metida: cultura y patronales.

El primer entorno como que lo tengo más por mano, colegas músicos, teatreros, fotógrafos, pintores, gestores culturales… todos se tienen que buscar la vida especialmente en estos tiempos en los que saben que cuentan con todavía menos medios que antes. Desde siempre las personas que se han decandado por vivir del arte, lo han tenido mal. A no ser que tuvieran especialmente buenos contactos justo después de su primer premio (como la Amy), lo normal es que haya mucho trabajo antes de que te publiquen, te programen en un teatro o te expongan. Esto es así. Hay que ser muy bueno, o dar el pego y tener contactos o ser hijo de alguien.

Los premios han bajado mucho. Convocatorias públicas y facilidades para exponer o para representar es difícil cuando no hay caché sino que se va a taquilla, y los gestores culturales se las ven y desean para programar actos y exposiciones con una disminución del presupuesto que puede ser del 70% o, en muchos casos, directamente, del 100%. Vamos, sin un duro.

Estaban hablando estos seres culturetas que no sólo quieren transmitir cultura sino que se les pague por su trabajo y vivir dignamente de él (cosa que sería lo normal, por otro lado), cuando de repente, Joan Cabot (uno de los seres más vivos que conozco), dijo LA frase: bienvenidos al underground. Le recuerdo hace más de 15 años trabajando en Radio Jove, y desde entonces ha trabajado como crítico de música, ha estado metido en creación de discográficas y ha seguido como locutor. Todo lo independiente que ha podido, y no le debe nada a nadie. Es de los que puso en marcha 40 putes (que es la agenda de ocio y cultura de referencia para cualquier curioso que se precie) y Bubota Discos. Se puede comer del underground. Igual no mucho, igual no enseguida, pero se puede.

Dependerá de ambiciones, claro, de expectativas personales, de qué repercusión se quiere tener… Pero parece que todos allí tenían claro que debían regresar al Undergroundismo pero no sólo por economía, sino por militancia, para defender la cultura  como ente independiente de medios y de gobiernos, de instituciones y de entidades. Pep Ramón Cerdà, teatrero él, es uno de los que defienden la independencia y la viabilidad como sostenibilidad de su negocio. le conozco desde hace como 20 años, y ya entonces sus obras tenían pocos personajes y escenografías sencillas para poder moverlos. Y también su dirección iba por el mismo camino. Siempre que la obra se dejara, por supuesto. Pep Ramón es de los artistas que (para ser claros) apelan a la comercialidad para la subsistencia diciendo algo así como que no hay que diferenciar entre entretenimiento y cultura, las dos cosas son lo mismo (como en Francia) y si no tenemos una sociedad que aprecie la cultura, el trabajo es educar. En otras palabras, no vale molarse mogollón, que no te entienda nadie para pillar una subvención que te amarra a la mano que te da de comer y que cuando no tenga aceptación, la culpa sea de los demás que son unos lerdos.

Esa tardenoche fue un pourparler maravilloso de como 4 horas, derivar y hablar y intentar llegar a acuerdos. La conclusión es que somos un poquito paletos: hay que ir de la mano iniciativa pública y privada para que la cultura llegue al público, y queremos que llegue. Pero mientras la gente que te paga (vía lo que sea) quiera comprarte, pues mal. Y mientras nos dejemos comprar, peor. Y mientras creen que nos compran aunque no lo estén haciendo porque tenemos una actitud servil, pues también.

A los pocos días fui invitada a la presentación de un producto de una patronal. Era el mismo día que había salido que Bárcenas tiene como 20M€. Estaban enfadados, pero mucho mucho. Los gestores culturales ya saben un poco qué esperar del trato del PP con la cultura, pero me temo que empresarios no tenían ni idea de hasta dónde podían perjudicarles las medidas del gobierno local, autonómico y estatal. Aquí, en Mallorca, el impago de administraciones públicas ha creado un efecto dominó tremendo: no se gasta. No sólo es un tema de burbuja inmobiliaria, que la hubo y ya ha machacado a muchos profesionales, sino que han tenido que cerrar empresas, las que mantienen negocio lo mantienen como pueden, pero parece que todo es despedir personal, y no, las pequeñas empresas no pueden ni quieren despedir personal, quieren que las leyes no primen a la gran empresa (tipo la liberalización del horario comercial), o que las medidas sociales tengan un efecto en el que se reaviva el gasto, no se contraiga, como se está haciendo.

De los discursos que se dieron, casi todos entonaron un mea culpa a la hora de reconocer que habían pillado pasta de los que mandan y que eso les había quitado fuerza a la hora de educar a los interlocutores, que ahora no escuchan. No escuchan porque no quieren, porque tienen mayoría y la usan para arrollar lo que sea y porque saben que en realidad no es una fuerza que vaya a hacer pupita.

Veo que la patronal lo puede tener más difícil para volverse underground que los artistas… No veo a empresarios haciendo valer de verdad su poder fáctico, el poder recaudatorio, y, sobretodo, el valor de un voto. Me gustará ver si dentro de dos años y poco estas personas votan al PP como han votado.

Pero también creo que la primera patronal que se vuelva underground, que pille pasta pública porque es una asociación pero que defienda con vehemencia los intereses de sus representados (asociados o no, porque los beneficios de las patronales, como las de los sindicatos, las tenemos todos), esta patronal se gana respeto. Primero social, después, quizás político si son una masa crítica importante y, sobretodo, tozuda.

Creo en el asociacionismo más que en partidos políticos. Mi participación ciudadana (y posiblemente la de todos) pasa por el activismo en lo que me pica: animales y protección de naturaleza. Posiblemente si tuviera que pagar tres sueldos, también el estado social y  económico: no quiero una sociedad pobre que no pueda comprar lo que vendo.

Y no quiero una sociedad tonta que no sepa valorar la crítica y el análisis de una obra de arte y/o de cualquier otro discurso artístico. Porque una cosa va con la otra. Cultura, educación, co-responsabilidad, solidaridad (que no caridad), economía…

Y de repente, me sonrío: el underground, puede ser muy incómodo… =)

Y sólo me viene a la cabeza esta canción…

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